Tanguerías

Te espero en el Tortoni
Y allí queda la cita para hablar de tango, de la vida,
de libros, de cine…
Un inmigrante francés de apellido Touan abrió sus puertas en 1858. Eligió el nombre por un bar del Boulevard des Italiens, en el que se reunía la elite de la cultura parisina del siglo XIX.
A fines del siglo XIX, el bar fue adquirido por otro francés: don Celestino Curutchet, a quien el poeta Allende Iragorri describiera como ...el típico viejito sabio francés....
En este café parece que el tiempo se hubiera detenido como en un daguerrotipo, cuando en él la gente juega al billar, a las cartas, o simplemente toman un café entre amigos.
El Tortoni es cada vez más una parte indispensable de la historia porteña. Está glosado por poetas, mencionado por escritores y cantado por el tango, que se respira entre sus paredes, en la Avenida de Mayo 825, la calle de los “gayegos”, en la gran ciudad de Buenos Aires.
Venite que te espero con un tango, un tango de los de siempre.

Duendes (En el Tortoni) de Ricardo Ostuni
A mi mesa de siempre me he llegado
con el arrastre de un atorro endémico
a lastrar de raje un académico
con un choppe de sidra bien tirado.
Un chamuyar de dominó y de dado
copa el aire con rumor polémico.
Veo los ojos de Julián, anémico,
horadando la niebla del pasado.
Y descubro otras sombras a mi lado.
Entre tanto ir y venir de paso histérico,
con serena quietud por mi costado
vagan sombras de soñar quimérico.
¿Fina Alfonsina, Baldomero alado?
Viven Tortoni en tu feca homérico.
con el arrastre de un atorro endémico
a lastrar de raje un académico
con un choppe de sidra bien tirado.
Un chamuyar de dominó y de dado
copa el aire con rumor polémico.
Veo los ojos de Julián, anémico,
horadando la niebla del pasado.
Y descubro otras sombras a mi lado.
Entre tanto ir y venir de paso histérico,
con serena quietud por mi costado
vagan sombras de soñar quimérico.
¿Fina Alfonsina, Baldomero alado?
Viven Tortoni en tu feca homérico.
